Esta noche pienso en María, la madre de Jesús, llegando a Belén luego de un largo viaje desde Galilea: con una panza de 9 meses, muy cansada, muy preocupada y con mucho dolor. Luego pienso en la angustia de José al ver el estado de María, nervioso y preocupado por el bienestar de su esposa y del bebé que está a punto de nacer. Pienso en los dos, en cómo desesperadamente buscan algún lugar seguro y cómodo para que María pueda dar a luz. Pienso en la oración de María: "Dios, estoy muy cansada y tengo mucho dolor, te ruego que podamos encontrar un buen lugar para que Jesús pueda nacer." Y tenía toda la razón para hacer esta oración: después de todo, ¡era el hijo de Dios quien iba a nacer!
Pero la historia toma un giro completamente inesperado: "No había lugar para ellos en el mesón." (Lucas 2:7b) María tenía a Jesús dentro de ella (literalmente). ¡El hijo de Dios estaba en su vientre! Aún así, leemos con gran sorpresa que no hubo lugar para ellos. Creo que en este relato podemos encontrar una gran lección sobre la vida cristiana: podemos tener a Jesús adentro, pero eso no significa que la vida sea fácil - ¡Que nos lo digan María y José! Me encanta el realismo con el que Dios nos anima a enfrentar la vida. Lo hermoso de esta increíble historia, es que a pesar de las dificultades, Dios igual cumplió su propósito: ¡Jesús nació de todas maneras! Y nació bien, y María también estuvo bien. Mi deseo en esta Navidad es que, a la vez que nos alegramos grandemente en la increíble salvación que Dios nos ha dado por medio de Jesús, asumamos el costo de seguir sus pasos en este mundo. No será fácil, como vimos, pero Dios cumplirá su propósito. Nos toca a nosotros, como a José y María, vivir vidas de fe que se prueben en la obediencia. Con todo cariño, Feliz Navidad :)