septiembre 20, 2011

Etapas de la vida (Parte 2)



De aquella época, estoy seguro que Alex y Emy recuerdan el árbol en frente de la biblioteca en Bury Knowle Park, al que subimos interminables veces. Sé que recuerdan cuando vimos una película de 'miedo' a escondidas y luego no pudimos dormir. Sé que recuerdan cuando corrimos para llegar al colegio, pensando que íbamos tardísimo, y cuando llegamos no había nadie (el reloj de la casa estaba adelantado). Sé que se saben la música y el resto de la letra de: "Vivimos en una casa tipo amarillo, tenemos portón negro, balcones del mismo color…" (Una canción que inventamos yendo de camino a algún lugar). ¿Recuerdan cuando nos peleábamos por ir 'en la ventana'? ¿Recuerdan cuando nos juntábamos para hacer una tarjetita para los cumpleaños y aniversario de bodas de nuestros papás? ¿Recuerdan cuando hacíamos cara de sueño o actuábamos medio enojados cuando hacíamos el devocional familiar? Qué patojos. Sé que recuerdan todo esto.


Pues ese espacio de tiempo en el que más cercanía hemos tenido como hermanos –y por lo mismo el periodo de más emociones y tensiones– ocurrió ya hace largo. Desde que Emy entró a la universidad y al siguiente año lo hice yo, las cosas cambiaron. Más adelante, la experiencia de Emy viviendo en Antigua por su práctica universitaria y viniendo a casa sólo los fines de semana, anunciaba una época de cambios significativos en la dinámica fraternal. Y luego, la salida de Alex pareció apresurar lo que sabíamos que algún día pasaría, pero sobre lo cual no siempre hemos sabido sacar todas las lecciones. Nunca pensé que estaríamos juntos por toda la vida ni mucho menos, pero reflexioné poco en que muy pronto dejaríamos de estarlo. Son las etapas de la vida.


Creo que una de las tareas más decisivas que tenemos los seres humanos es aprender a reconocer las etapas de la vida en las que nos encontramos, para centrarnos en lo absolutamente crucial: la naturaleza de nuestras relaciones con los demás. Algo que me parece fascinante es cómo nuestros roles como personas van cambiando conforme pasa la vida. Hoy soy hijo, mañana quizá sea padre. Ayer era niño, hoy soy adulto. Tal vez algún día sea abuelo. Nuestro rol como familia y amigos de otros es más permanente, pero en cada etapa de la vida tiene matices diferentes. Con Alex y Emy seguiremos siendo hermanos siempre, pero se nos dio un tiempo (¡más de 20 años!) para serlo más cercanamente. ¿Qué hacemos con este tiempo que se nos da para relacionarnos con las personas? No es sólo una cuestión de darse cuenta de que hay un tiempo para relacionarse con determinados otros: lo que está en juego es nuestra manera de encarar esas relaciones.


Por mucho tiempo compartí la vida con mis hermanos, sin pensar demasiado en que las relaciones que estaba forjando con ellos estaban siendo determinantes para el presente y lo serían para el futuro. Apenas me detuve a pensar que nuestra etapa de hermanos a 'tiempo completo' no duraría para siempre. Sólo viví y compartí con ellos, e intenté ser un 'buen' hermano. Hasta que Alex se fue a Inglaterra, me di plena cuenta que había perdido ciertas oportunidades para mostrarle mi cariño o dar el ejemplo, pero lo que me pegó fuerte es que no había estado consciente de eso. Debo decir que estoy muy contento porque Emy, Alex, y yo tenemos una linda relación, que ha sido y mejor y mejor conforme los años han pasado. En medio de nuestras debilidades, Dios ha sido bueno, y nos ha dado la oportunidad de aprender unos de otros. Nuestra relación ha sido buena, pero algo nos ha cambiado: conforme hemos conocido a Jesús, hemos sido retados a llevar esa relación al nivel que Dios pensó para todas las relaciones: profundos vínculos en los que las personas se aman impulsadas por amor puro. Lo maravilloso es que cuando dos personas dan de sí, ambas terminan recibiendo, y lo que reciben es genuino. ¿Acaso las relaciones más significativas no son aquellas en donde hay un aprendizaje y un compartir recíproco? Busquemos esas relaciones. Hay que decir que no siempre recibiremos amor de vuelta, pero lo revolucionario del amor de Dios es que nos invita a amar de todas formas. El amor tiene un poder transformador.


Ahora que Alex regresa y que Emy todavía está en casa, quiero seguir intentando ser más que un 'buen' hermano. No lo intento en mis propias fuerzas, sino que quiero esforzarme en el amor de Dios. Ellos ya lo hacen así, y son una gran bendición para mi vida. Gracias Emy, gracias Alex, son un regalo inmenso. Este tiempo que todavía viviremos los tres en casa, quiero aprovecharlo para amarles más. Y quiero hacer lo mismo con mis queridos padres.


La oportunidad para forjar relaciones significativas con otros está entonces, en cada etapa determinada de nuestras vidas. Pero debemos tomar conciencia de los roles que estamos jugando (hij@s, herman@s, compañer@s, ciudadan@s) y de las relaciones que éstos implican. El tiempo para revisar nuestras relaciones es ahora. Es siempre. Que no se nos pase la vida sin habernos relacionado profunda y significativamente con otros. Que no se nos haga muy tarde para valorar el tiempo que tenemos con nuestros hermanos, con nuestros papás, con nuestros amigos, con la gente que compartimos. Decidamos amarlos hora.

 
"Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor."
1 Juan 4: 1-2

septiembre 19, 2011

Etapas de la vida (Parte 1)


El 26 de octubre del año pasado fue un día como todos los demás, sólo que diferente. Finalmente, dos semanas después de lo previsto, partía por un tiempo mi amigo Alex Ortiz, quien en realidad también es mi hermano. El 'Alejo', como a veces le llamo, viajaba a Inglaterra como parte de un programa de voluntariado. Se iba casi por un año, a compartir y repartir vida entre otros. Realmente me sentía feliz, y toda la familia compartía este sentimiento, pues sabíamos que sería una experiencia de vida profundamente transformadora.


Como agua entre las manos, el tiempo se ha ido rapidísimo, y el querido Alex está a punto de regresar a Guatemala. ¡Estamos espérandolo con muchas ganas! Y estamos felices y agradecidos porque la experiencia que ha tenido allá ha sido maravillosa. Hoy, sabemos que Alex sí vendrá de regreso en la fecha prevista, pero cuando se fue, no estábamos seguros de que regresaría. En ese contexto de incertidumbre y de inminente separación familiar, escribí lo siguiente:


'Me invade una aguda nostalgia, porque creo que el viaje de Alex marca el comienzo de un final: hoy me encuentro a las puertas del fin de una etapa maravillosa en la cual tanto Alex como Emy como yo hemos estado juntos; una etapa en la cual hemos tenido el diario privilegio y desafío de ser hermanos, de ser parte integral de la vida de unos y otros. El camino -como todo camino- no ha estado exento de momentos difíciles y tensos, pero ha sido uno que ha dado gusto caminar. Ha sido un camino que hemos recorrido y construido juntos, de la mano de esos maravillosos padres que Dios nos ha regalado.


Hablar de esto viene porque hay una posibilidad de que nunca más tengamos de nuevo la experiencia de vivir juntos, tal y como lo habíamos hecho hasta este año. Ahora que leo esta última línea siento que transmito la idea de alguien que cada día anhelaba esa experiencia con sus hermanos y siempre se detenía a pensar acerca de la etapa que vivían juntos. No precisamente, pero tampoco no rotundamente. Quiero aprovechar entonces esta coyuntura para darle una mirada a nuestro pasado, y reflexionar sobre cómo hemos canjeado estos cupones de vida compartida.


En materia de hermanos y hermanas, la experiencia de cada persona es singular; a mí me tocó vivirla en medio de ella y de él. Emy nació primero, luego yo, y por último, last but not least, Alex. Entre los tres apenas nos separan 2 años 10 meses, y eso nos ha situado en procesos generacionales similares. Los Ortiz Escobar son una mujer y dos hombres, y eso implica que la cuestión de género también ha jugado su papel, en cuanto cada sexo implica intereses y actividades particulares. A medida que hemos ido creciendo, hemos ido definiendo y redefiniendo nuestras relaciones, a través de las actitudes, acciones e intercambios entre unos y otros. Pero esa forma de vida, –que de hecho es la única que conocemos-, esa convivencia permanente, empieza a dar muestras de cansancio. Y no porque haya corrido mucho o muy mal, sino porque empieza a pasarle la estafeta a los cursos de vida particulares.


¡Cómo ha pasado el tiempo! Por más que lo intento no puedo recordar a la pequeña Emy cargando al diminuto Alex o al cabezón Isra, pero una foto y las memorias de nuestros papás dan cuenta de cómo ella se pegaba al vientre de mamá esperando nuestra llegada al mundo, y de paso, nuestra irrupción en su vida. Ya salidos, ¡me imagino que nos quería de regreso en el vientre! Puras bromas, ¡cómo amó Emy a esos bebés! En esos primeros años, todo lo hacíamos juntos. Cuando Alex tenía dos años y medio, a los tres nos empezaron a llevar al mismo lugar cinco días seguidos a la semana, muy temprano en la mañana, y nos hicieron vestir un suéter rojo. Con el paso de los años, el suéter cambió de color un par de veces, pero siempre lo llevamos. Luego llegó un buen día y nos lo quitamos de una vez y para siempre. Pero fue en todo este tiempo de escuela –unos 15 años- que vivimos juntos más intensamente.'

Parte 2 http://apartir-deahora.blogspot.com/2011/09/las-etapas-de-la-vida-parte-2.html