El 26 de octubre del año pasado fue un día como todos los demás, sólo que diferente. Finalmente, dos semanas después de lo previsto, partía por un tiempo mi amigo Alex Ortiz, quien en realidad también es mi hermano. El 'Alejo', como a veces le llamo, viajaba a Inglaterra como parte de un programa de voluntariado. Se iba casi por un año, a compartir y repartir vida entre otros. Realmente me sentía feliz, y toda la familia compartía este sentimiento, pues sabíamos que sería una experiencia de vida profundamente transformadora.
Como agua entre las manos, el tiempo se ha ido rapidísimo, y el querido Alex está a punto de regresar a Guatemala. ¡Estamos espérandolo con muchas ganas! Y estamos felices y agradecidos porque la experiencia que ha tenido allá ha sido maravillosa. Hoy, sabemos que Alex sí vendrá de regreso en la fecha prevista, pero cuando se fue, no estábamos seguros de que regresaría. En ese contexto de incertidumbre y de inminente separación familiar, escribí lo siguiente:
'Me invade una aguda nostalgia, porque creo que el viaje de Alex marca el comienzo de un final: hoy me encuentro a las puertas del fin de una etapa maravillosa en la cual tanto Alex como Emy como yo hemos estado juntos; una etapa en la cual hemos tenido el diario privilegio y desafío de ser hermanos, de ser parte integral de la vida de unos y otros. El camino -como todo camino- no ha estado exento de momentos difíciles y tensos, pero ha sido uno que ha dado gusto caminar. Ha sido un camino que hemos recorrido y construido juntos, de la mano de esos maravillosos padres que Dios nos ha regalado.
Hablar de esto viene porque hay una posibilidad de que nunca más tengamos de nuevo la experiencia de vivir juntos, tal y como lo habíamos hecho hasta este año. Ahora que leo esta última línea siento que transmito la idea de alguien que cada día anhelaba esa experiencia con sus hermanos y siempre se detenía a pensar acerca de la etapa que vivían juntos. No precisamente, pero tampoco no rotundamente. Quiero aprovechar entonces esta coyuntura para darle una mirada a nuestro pasado, y reflexionar sobre cómo hemos canjeado estos cupones de vida compartida.
En materia de hermanos y hermanas, la experiencia de cada persona es singular; a mí me tocó vivirla en medio de ella y de él. Emy nació primero, luego yo, y por último, last but not least, Alex. Entre los tres apenas nos separan 2 años 10 meses, y eso nos ha situado en procesos generacionales similares. Los Ortiz Escobar son una mujer y dos hombres, y eso implica que la cuestión de género también ha jugado su papel, en cuanto cada sexo implica intereses y actividades particulares. A medida que hemos ido creciendo, hemos ido definiendo y redefiniendo nuestras relaciones, a través de las actitudes, acciones e intercambios entre unos y otros. Pero esa forma de vida, –que de hecho es la única que conocemos-, esa convivencia permanente, empieza a dar muestras de cansancio. Y no porque haya corrido mucho o muy mal, sino porque empieza a pasarle la estafeta a los cursos de vida particulares.
¡Cómo ha pasado el tiempo! Por más que lo intento no puedo recordar a la pequeña Emy cargando al diminuto Alex o al cabezón Isra, pero una foto y las memorias de nuestros papás dan cuenta de cómo ella se pegaba al vientre de mamá esperando nuestra llegada al mundo, y de paso, nuestra irrupción en su vida. Ya salidos, ¡me imagino que nos quería de regreso en el vientre! Puras bromas, ¡cómo amó Emy a esos bebés! En esos primeros años, todo lo hacíamos juntos. Cuando Alex tenía dos años y medio, a los tres nos empezaron a llevar al mismo lugar cinco días seguidos a la semana, muy temprano en la mañana, y nos hicieron vestir un suéter rojo. Con el paso de los años, el suéter cambió de color un par de veces, pero siempre lo llevamos. Luego llegó un buen día y nos lo quitamos de una vez y para siempre. Pero fue en todo este tiempo de escuela –unos 15 años- que vivimos juntos más intensamente.'
Parte 2 http://apartir-deahora.blogspot.com/2011/09/las-etapas-de-la-vida-parte-2.html
4 comentarios:
Gracias Isra. Sin duda es bueno parar y agradecer por nuestra familia. Celebren la vida de Alex a su regreso!
leer tu histria me remonto a recordar alla por el 98 mi primer campamento en el MUC donde les conoci, pequennitos.. nada que ver con lo que ahora son, quien lo iba a imaginar. jaja,.. pero lo interesante, Cuanto mas les falta por recorrer...
:) Bonita historia me hace acordar a mi relacion con mi hermano! :D
Son UN GRAN DON!
Edith: Gracias, ya manana viene ya nuestro querido Alex! Qué regalo es la familia. Un gran abrazo Edith!
José: No sabía que nos habías conocido desde ese año! Gracias por tus palabras de ánimo, saludos!
Alejandro: Me alegra que hayás recordado algo al leer esto, un abrazo che!
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