noviembre 05, 2011

Elecciones 2011: la opción confiable


Estamos a unas horas de la segunda vuelta electoral que definirá al próximo presidente de Guatemala. Desafortunadamente, no será una 'fiesta cívica' ni nada parecido. A diferencia de una competencia deportiva, en esta contienda la medalla de oro se la disputarán los peores. Los que nunca debieron llegar hasta allí. Los que se han presentado como todo lo que no son. Los que no han jugado limpio.

El presente proceso electoral ha sido quizá el más irregular y polémico desde el 'retorno a la democracia' en 1985. Cada vez más, los partidos políticos parecen ser concebidos y estructurados como empresas que compiten a muerte para ganar acceso al contrato más jugoso de todos, por 4 años. Los partidos, una y otra vez, nos siguen demostrando que, para ellos, el fin justifica todos los medios. El Partido Patriota y el Partido Líder han actuado precisamente de esta manera. A pesar de esto – o tristemente, gracias a esto- ahí están, peleando la presidencia.

Ante esta situación, much@s guatemaltec@s nos sentimos avergonzad@s al comprobar en qué se ha convertido nuestro sistema político, y estamos fastidiados por tener que elegir entre dos no-opciones. Para esta segunda vuelta, desde diversos frentes seguimos escuchando el llamado a votar. Ha surgido de nuevo el ya famoso: 'Votemos por el menos peor'. Esta vez, sin embargo, no podemos hacerlo. No podemos porque no sabemos quién pueda ser finalmente ese 'menos peor'. No estamos en la condición de predecirlo. Simplemente ninguno es ninguna garantía. Con las opciones que tenemos, me parece intolerable el argumento de 'No dejés que otros decidan por vos'.

En esta segunda vuelta, creo que debemos ser enfáticos en manifestar nuestro rechazo al proceso actual, como un paso simbólico para convertir ese rechazo en ciudadanía activa y permanente. Este derecho nuestro de elegir NO nos 'obliga' a votar por uno de los dos, y además, el acto de ir a votar es sólo un apéndice de lo que significa ejercer verdadera ciudadanía. Mi objetivo aquí no es invitar al abstencionismo. A pesar de lo viciado de este proceso, algo podemos hacer: acudamos a las urnas, pero para manifestar nuestro desacuerdo con las opciones existentes. En otras palabras, tomemos el tiempo y hagamos el esfuerzo de ir a votar. Pero no por Otto Pérez Molina, ni por Manuel Baldizón. 
 
Votar nulo o votar en blanco, en estas circunstancias, es una opción confiable. Nos asegura una doble conciencia: En un primer sentido, si votamos nulo o en blanco, ganamos en conciencia por decidir no aprobar con nuestro voto semejante circo político. En un segundo sentido, nos abre la oportunidad para tomar una conciencia activa. Porque votar nulo o en blanco no es lavarse las manos, o no debería expresar eso. Debería ser un acto simbólico que expresa un compromiso por involucrarse, por fiscalizar, por proponer, por demandar, etc., para que en futuras elecciones la historia sea otra, una mejor. Además, si en el conteo final de los votos, un porcentaje significativo son nulos y en blanco, esto sería un indicador de que l@s guatemaltec@s hemos crecido en conciencia, que hemos crecido en dignidad.

En un país como el nuestro, la idea del voto nulo o en blanco nunca ha sido popular. Tal vez si dejáramos de ser pragmáticos para todo, podríamos verle algún provecho. Pero no quisiera exagerar la necesidad o la importancia de votar nulo o en blanco. Lo crucial es que aprendamos a no aceptar lo que parece irremediable, y a no reducir nuestra responsabilidad ciudadana a un acto que realizamos cada cuatro años. Quede quien quede, nos toca trabajar duro por ver un país diferente, y esto es algo que nos compete a todos, todos los días. De cualquier manera, reconozcamos que existe una necesidad de que ejerzamos una ciudadanía más activa, y que podemos y debemos presionar por cambios a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, cambios que pueden ser pequeños pero significativos. Para las próximas elecciones, quizá podamos, como hizo esta comunidad en Colombia hace apenas una semana, aspirar a algo diferente.


 

 

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